Notas y críticas a "La Cenicienta"
![]()
| Sábado 1 de
julio de 2000 TEATRO / CRITICA: DOBLE
CENICIENTA J. G.
En la precariedad
de condiciones de producción del off podría considerarse normal que el hada falle a la
hora de poner en juego sus poderes. Pero haciendo de la dificultad virtud, en La
Cenicienta, dirigida por Yamil Ostrovsky, los problemas se transforman en el eje de la
puesta en escena. La Madrina, una chica fashion y despistada, desencadena la acción con
sus errores. |

| LA NACION LINE | 19.02.00 | Espectaculos |
Platea infantil Las hadas todavía existen
El espectáculo comienza con un tradicional recurso humorístico. Aparece, solo en el centro del escenario, un actor quien es prácticamente empujado y obligado a enfrentar al público. Sonrisas incómodas e intentos de huida no le resultan. Un telón animado, que cobra vida y dimensiones de personaje lo obliga a hacese cargo y asumir la tarea de narrar. Después de varios intentos con muchas equivocaciones para deleite de los chicos de la platea e incluso de los adultos, empieza a contar la historia de "Cenicienta". Esta narración es actuada y bailada por cuatro bailarinas en una especie de pantomima satírica. Cruce de épocas
y culturas El espectáculo juega mucho con detalles que cruzan épocas y culturas, mezclando el oficio del heraldo con jingles publicitarios, danzas y músicas antiguas con ritmos modernos, elementos manuales primitivos, y otros electrónicos -como Internet-, discursos palaciegos y jerga de televisión. Toda una divertida serie de anacronismos. Las equivocaciones son constantes y divierten, el humor se hace presente hasta en la manera de anunciarse en una casa, cuyo timbre siempre sorprende con los sonidos que provoca; lo suficientemente fuera de lugar como para provocar la risa. En realidad, casi todas las peripecias son protagonizadas por el relator, que cumple también el papel de heraldo y de Rey, excelentemente desempeñado por Alejandro Canuch. Un hilo travieso va tejiendo la historia con humor, el público se deja atrapar gozosamente en el juego y anticipa con regocijo cada nuevo disparate. El hada apoya este ángulo, equivocándose en el momento de aparecer, utilizando una varita inútil ("comprada en una tienda de todo por 1 peso"), pero logrando finalmente su objetivo, aunque no sin algunas divertidas complicaciones. El príncipe es otro personaje humorístico, verdadero antihéroe, torpe e inocentón, pero muy enamorado, lo suficiente para enternecer y lograr la complicidad del público. La "famosa zapatilla" llega a recorrer la platea buscando a su dueña. El triunfo final de Cenicienta es muy celebrado por la platea, que incuestionablemente lo siente justiciero. Los efectos
sonoros El centro neural lo constituyen el relato, el juego corporal y la incorporación del sonido como efecto, con dimensión de personaje. Este último recurso está muy bien usado a la manera de ilustraciones, guiños, comentarios intencionales y juegos sonoros. Se hace evidente la utilización de un código acertado, inteligente, que valoriza al público. Se le da un merecido crédito como capaz de entender la picardía del comentario subyacente en un timbre, una alarma, una bocina, o una sirena , en la época de palacios hadas y duendes. Tal vez, para equilibrar y completar la multidimensionalidad de la ilusión se debió dar más realce a los elementos visuales (traje del príncipe, del Rey, algunos cambios en el vestuario de las hermanastras y la madrastra). Y ya que de ballet se trataba, un poco más de danza hubiera aumentado el disfrute. De todos modos, se trata de un espectáculo refrescante y divertido, con muy buen ritmo, un juguete bien sincronizado, que invita a pasar un rato muy placentero. Por Ruth Mehl Copyright © 2000 La Nación | Todos los derechos reservados |
Viernes 11 de
febrero de 2000
CHICOS: CENICIENTA Hoy, mañana y el domingo, a las
19, en el Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551, 6° piso. El domingo, a las 16, en
el Centro Cultural Adán Buenosayres, Asamblea 1200. Entradas: a la gorra.
La bella
Cenicienta perdió su zapatilla de punta y el príncipe sale a probar el pie de todas las
doncellas del reino, incluidas las de la platea. Y la profecía del cuento de Perrault
vuelve a cumplirse una vez más. Gracias a la intervención del hada, en este caso una
chica fashion a la que no todo le sale al primer toque de varita, la postergada Cenicienta
puede asistir al baile en palacio y encontrar finalmente el amor del príncipe. Al ritmo
de Gloria Estefan y Elvis Presley, pero también con música de Bach, Händel y Prokofiev,
el cuento se transforma en una alegre farsa, en la versión coreográfica de Yamil
Ostrovsky. |
Diario Págima 12, sábado 18 de septiembre de 1999

Revista Fervor de Buenos Aires, julio de 1999.


Revista Noticias
10 de julio de 1999