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Sábado 1 de julio de 2000

TEATRO / CRITICA: DOBLE CENICIENTA
La culpa la tuvo el Hada Madrina

J. G.


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FUERON FELICES. Cenicienta y el Hada en los preparativos.

En la precariedad de condiciones de producción del off podría considerarse normal que el hada falle a la hora de poner en juego sus poderes. Pero haciendo de la dificultad virtud, en La Cenicienta, dirigida por Yamil Ostrovsky, los problemas se transforman en el eje de la puesta en escena. La Madrina, una chica fashion y despistada, desencadena la acción con sus errores.

Las cosas no le salen con un simple toque de varita. Pero finalmente la profecía de Perrault se cumple una vez más. La bella Cenicienta asiste al baile en palacio. Y tanto se entusiasma danzando con el Príncipe que el Hada se ve en figurillas para arrastrarla fuera de la pista real antes de que el hechizo se quiebre con el límite horario de la medianoche.

Cenicienta pierde en este caso una zapatilla de punta, justificando el perfil coreográfico de la puesta en escena, que recorre un vasto abanico desde la energía del rock hasta la delicadeza de la danza clásica.

Sólo el relator, quien presenta, arma y desarma, y el Hada, con sus entuertos, manejan el texto, en tanto que el resto del elenco conforma a través del baile las escenas de la historia.

El Príncipe sale a probar el pie de todas las doncellas del reino, incluidas las de la platea. Y la postergada Cenicienta, al calzar su delicado pie de bailarina en la zapatilla perdida, puede encontrar el amor del Príncipe.

La danza —cuyos intérpretes egresaron en su mayoría del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín— se integra en un concepto teatral de fuertes ingredientes clownescos, para desarrollar un argumento cargado de humor, sin perder vuelo poético.

Al ritmo de Gloria Estefan y Elvis Presley, pero también con música de Bach, Händel y Prokofiev, o bailando el dos por cuatro de un tango de Aníbal Troilo, el cuento se transforma en una alegre y festiva farsa.

No se sabe si Cenicienta y el príncipe comieron perdices. Pero transmiten al público la felicidad de danzar y reír. Y por apenas el valor de un bono contribución de dos pesos a modo de entrada, para que los adultos tampoco pierdan las ganas de divertirse por llevar a sus chicos al teatro.

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LA NACION LINE | 19.02.00 | Espectaculos

Platea infantil
Las hadas todavía existen

."Cenicienta". Idea, coreografía y dirección: Yamil Ostrovsky. Intérpretes: Alejandro Canuch, Ilana Faust, Ana Victoria Iommi, Lisa Simkin, Silvana Caspani, Soledad Galoto, Victoria Galoto, Luciana Prato, y Maxi Bartfeld. En el Centro Cultural Adán Buenosayres, Asamblea 1200, los domingos a las 16. Entrada a la gorra.
Nuestra opinión: muy bueno.

El espectáculo comienza con un tradicional recurso humorístico. Aparece, solo en el centro del escenario, un actor quien es prácticamente empujado y obligado a enfrentar al público. Sonrisas incómodas e intentos de huida no le resultan. Un telón animado, que cobra vida y dimensiones de personaje lo obliga a hacese cargo y asumir la tarea de narrar.

Después de varios intentos con muchas equivocaciones para deleite de los chicos de la platea e incluso de los adultos, empieza a contar la historia de "Cenicienta".

Esta narración es actuada y bailada por cuatro bailarinas en una especie de pantomima satírica.

Cruce de épocas y culturas

El relator, con algunas interrupciones, pasa a evocar la situación en el palacio, protagonizada por el Príncipe y el Rey, que culmina con el anuncio del baile.

El espectáculo juega mucho con detalles que cruzan épocas y culturas, mezclando el oficio del heraldo con jingles publicitarios, danzas y músicas antiguas con ritmos modernos, elementos manuales primitivos, y otros electrónicos -como Internet-, discursos palaciegos y jerga de televisión. Toda una divertida serie de anacronismos.

Las equivocaciones son constantes y divierten, el humor se hace presente hasta en la manera de anunciarse en una casa, cuyo timbre siempre sorprende con los sonidos que provoca; lo suficientemente fuera de lugar como para provocar la risa.

En realidad, casi todas las peripecias son protagonizadas por el relator, que cumple también el papel de heraldo y de Rey, excelentemente desempeñado por Alejandro Canuch.

Un hilo travieso va tejiendo la historia con humor, el público se deja atrapar gozosamente en el juego y anticipa con regocijo cada nuevo disparate.

El hada apoya este ángulo, equivocándose en el momento de aparecer, utilizando una varita inútil ("comprada en una tienda de todo por 1 peso"), pero logrando finalmente su objetivo, aunque no sin algunas divertidas complicaciones.

El príncipe es otro personaje humorístico, verdadero antihéroe, torpe e inocentón, pero muy enamorado, lo suficiente para enternecer y lograr la complicidad del público.

La "famosa zapatilla" llega a recorrer la platea buscando a su dueña. El triunfo final de Cenicienta es muy celebrado por la platea, que incuestionablemente lo siente justiciero.

Los efectos sonoros

Aunque el espectáculo se anuncia como ballet, la danza sólo ocupa una parte de la acción. Mientras el relator va narrando, los bailarines ilustran el texto con un juego corporal que algunas veces desemboca en una breve coreografía.

El centro neural lo constituyen el relato, el juego corporal y la incorporación del sonido como efecto, con dimensión de personaje. Este último recurso está muy bien usado a la manera de ilustraciones, guiños, comentarios intencionales y juegos sonoros.

Se hace evidente la utilización de un código acertado, inteligente, que valoriza al público. Se le da un merecido crédito como capaz de entender la picardía del comentario subyacente en un timbre, una alarma, una bocina, o una sirena , en la época de palacios hadas y duendes.

Tal vez, para equilibrar y completar la multidimensionalidad de la ilusión se debió dar más realce a los elementos visuales (traje del príncipe, del Rey, algunos cambios en el vestuario de las hermanastras y la madrastra). Y ya que de ballet se trataba, un poco más de danza hubiera aumentado el disfrute.

De todos modos, se trata de un espectáculo refrescante y divertido, con muy buen ritmo, un juguete bien sincronizado, que invita a pasar un rato muy placentero.

Por Ruth Mehl

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Viernes 11 de febrero de 2000
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CHICOS: CENICIENTA
Una alegre farsa

Hoy, mañana y el domingo, a las 19, en el Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551, 6° piso. El domingo, a las 16, en el Centro Cultural Adán Buenosayres, Asamblea 1200. Entradas: a la gorra.

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HADA MODERNA. No todo le sale con un golpe de varita.

La bella Cenicienta perdió su zapatilla de punta y el príncipe sale a probar el pie de todas las doncellas del reino, incluidas las de la platea. Y la profecía del cuento de Perrault vuelve a cumplirse una vez más. Gracias a la intervención del hada, en este caso una chica fashion a la que no todo le sale al primer toque de varita, la postergada Cenicienta puede asistir al baile en palacio y encontrar finalmente el amor del príncipe. Al ritmo de Gloria Estefan y Elvis Presley, pero también con música de Bach, Händel y Prokofiev, el cuento se transforma en una alegre farsa, en la versión coreográfica de Yamil Ostrovsky.

Diario Págima 12, sábado 18 de septiembre de 1999

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Revista Fervor de Buenos Aires, julio de 1999.

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Revista Noticias

10 de julio de 1999